Oraciones para los desamparados

Que Dios, el Desamparado, siempre dispuesto a hacer el bien, os salve y os haga firmes y decididos en todas vuestras empresas y deseos según mis más profundas expectativas.

Es muy cierto, mis queridos amigos, que Dios ha hecho el espíritu del hombre inestable y cambiante para que el hombre no permanezca en la maldad, y también que, una vez que esté en posesión del bien, no se detendrá en seco, sino que se elevará de un bien a otro superior, y a uno aún más elevado. Así, avanzando de virtud en virtud, podría alcanzar la cima de la perfección.

Fuente: Oraciones para santos

Oraciones para los desamparados

Por lo tanto, fluye que el hombre es inconstante al hacer el mal, es decir, que no puede perseverar en él porque no encuentra reposo en él. Por eso, en vez de persistir en el mal, se mueve a hacer el bien; y, además, como las criaturas no le dieron la paz, vuelve a Dios.

Ahora, por supuesto, podría dar otras razones para que el hombre sea inconstante, pero, para nuestro propósito, lo que he dicho es suficiente.

¡Oh, qué desgraciados somos! Porque, cuando tratamos de hacer el bien, usamos la misma inestabilidad e indecisión que deberíamos tener y ejercitar para evitar el mal. Y, de hecho, a menudo me desconcierta ver reinar en mi alma, y durante tantos años, una gran irresolutad.

Estoy seguro, queridos amigos, que si hubiera reflexionado lo suficiente sobre los males que causa la irresolubilidad, habría arrancado este mal de mi alma hace mucho tiempo. En primer lugar, obstaculiza el progreso del hombre porque el hombre se encuentra, por así decirlo, entre dos imanes sin ser arrastrado por ninguno de ellos; es decir, por un lado, se olvida de hacer el bien presente cuando mira al futuro.

Por otro lado, deja de lado el bien del futuro al quedarse en el presente e incluso tener dudas sobre el futuro. ¿Sabes cómo es él? Es como la persona que quiere amar dos cosas opuestas y no recibe ninguna. Como enseña el proverbio, "el que cace dos liebres al mismo tiempo, verá a una huir y a la otra escapar".

Mientras un hombre permanezca indeciso y dudoso, seguramente nunca logrará nada bueno. La experiencia lo demuestra. No hay necesidad de que vaya más allá.

Además, la irresolubilidad hace que el hombre cambie como la luna. Sí, la persona irresoluta es siempre inquieta y nunca puede estar contenta, ni siquiera en medio de grandes alegrías; por ninguna razón se pone triste y enojado y se ocupa fácilmente de su propia satisfacción.

En verdad, esta mala hierba de la irresolubilidad crece donde falta la luz divina, porque el Espíritu Santo llega rápidamente al centro de las cosas en vez de detenerse en la superficie; el hombre, en cambio, al no comprender el corazón de las cosas, es incapaz de decidir qué hacer.

Esta indecisión es al mismo tiempo causa y efecto de la tibieza. Porque la persona tibia, cuando se le pide consejo sobre un tema, le dará muchas razones pero no decidirá cuáles son las buenas. Por lo tanto, él nunca le dirá a dónde ir o qué evitar. Consecuentemente, si antes estabas un poco inseguro, ahora estás completamente en duda. Se vuelve eternamente irresoluto. Por otro lado, la persona indecisa pierde el fervor y se vuelve tibia.

Un año entero no sería suficiente para enumerar los malos resultados y las causas de la irresolubilidad. La verdad es que si la indecisión, de la que hemos estado hablando, fuera el único mal, sería en sí misma más que suficiente; porque, mientras el hombre esté en estado de duda, permanece inactivo.

Para deshacernos de este defecto, se han encontrado dos medios o caminos para nuestro viaje a Dios. La primera nos ayuda cuando nos vemos inesperadamente forzados a hacer o no hacer algo. Consiste en elevar la mente a Dios e implorar el don del consejo.

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